Elogiar la belleza atlética en la antigüedad era nombrar el carácter poético y sagrado del cuerpo humano como suma de todas las virtudes posibles. La grandeza del atleta y del ejercicio físico en la vida diaria resultaban indiscutibles dado el carácter ético y estético con el que se formaba al hombre. Incluso en la América precolombina, el deporte y el juego alcanzaban niveles que trascendían la realidad gracias a que el cuerpo era ese vehículo capaz de unir y viajar a través de diversos mundos y cosmogonías.

 

Pero dado que ya no nos es permitido hablar y disfrutar de esa belleza atlética movidos por el solo placer de emocionarnos ante la poesía que emana de una gambeta, de un jaque mate, de un knockout, o de la aceleración fantástica de los sprints, hemos querido darle rienda suelta a este Caballito de Acero para que galope libre e indistintamente por la novela, el cuento, el poema, la fotografía o los libros infantiles, alimentándose únicamente de aquello que amamos y nos apasiona: el ajedrez, el boxeo, el ciclismo, el béisbol, el fútbol.

 

 

Por eso estamos en la línea de partida y nuestro Caballito de Acero ya está listo y ensillado para que sea al artista quien nos relate la cadencia del ciclista al escalar la montaña, o la destreza del futbolista al inventar el compás de un gol imposible. Empieza la carrera. Caballos en posición. Hagan sus apuestas.

Editorial Caballito de acero

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