Jordan






Hoy, diecisiete años después de su retiro, Jordan ha querido presentar en sociedad al ser humano que hay detrás de sus logros. Y no ha sentado nada bien, pues a muy pocos ha gustado este individuo conflictivo, extremadamente competitivo, disociador, arrogante, creído, caprichoso, egocéntrico, mandón, perfeccionista, adicto a las apuestas, autoritario, consentido, narcisista, presumido, pedante y de carne y hueso.

En el mundo del deporte el éxito y la excelencia suelen ir de la mano, por lo que solo aquellos genios destinados a la gloria son capaces de convivir con tanta presión. Y Jordan no fue la excepción. Sin embargo, gracias a esta cuarentena modelo 2020 hemos podido observar con detenimiento cada uno de los capítulos de la serie documental sobre algunos aspectos de la vida de Michael Jordan, puntualmente, los referidos a sus años como jugador profesional de basket.

¿Y qué es lo que se ha visto? Básicamente, todo aquello que lo define como ser humano: sus miedos, sus pasiones, sus frustraciones, sus complejos, su familia…etc., (no se ha visto a su primera esposa y eso ha generado sospechas y conspiraciones). Y todo esto teniendo como telón de fondo un deporte capaz de llevarlo al límite de su condición humana. Por eso no ha gustado: no nos interesa ver héroes de carne y hueso sino que queremos imaginarios de perfección más allá del bien o del mal. Pero claro, para desgracia de Jordan, justo conocemos a este individuo introvertido en una época en la que la convivencia y las bases de nuestras sociedades se ven atravesadas por la facilidad con la que se juzga moralmente al otro desde cualquier bando y sin reparo alguno, y bajo cualquier argumento.

Queremos al Jordan que danza con la pelota en la mano y vuela por los aires burlándose de la gravedad y rechazamos al Jordan adicto al juego que además de todo es capaz de ser un disociador dentro de su mismo equipo. En resumidas cuentas, necesitamos héroes (adoptar hazañas de otros es relativamente fácil), pero no nos interesan las historias de vida (no sabemos si llorar es sinónimo de debilidad o de márketing). Esto no hubiera gustado a Balzac a quien siempre le interesó la vida de la costurera, así como la vida de la Reina.

Una pregunta que ayudaría a entender eso sería: ¿esa capacidad que tenemos para desechar moralmente a cualquier individuo al margen de sus “talentos” es una puerta que se abre ante la fuerza con la que entran en nuestras vidas las redes sociales desde donde a diario observamos, juzgamos, demeritamos, atacamos, destrozamos, enaltecemos, satanizamos, alabamos, denigramos, y posicionamos todo lo que nos rodea?

¿Será que Jordan hubiera sido juzgado de la misma manera por sus contemporáneos si estos hubieran podido tener información diaria de su vida? (como hoy tenemos de Messi, de Cristiano Ronaldo, de Carlsen o de Federer). ¿Qué pasaba antes con el deportista que no pasa hoy? o al revés, ¿qué pasa hoy con el deportista que no pasaba antes? ¿Entró por fin el Gran Hermano a nuestras casas y nos dejó sin héroes?


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