Los campeones no se hacen en el gimnasio




Estoy de acuerdo con Muhammed Alí en eso de que “los campeones no se hacen en los gimnasios”. Ellos están hechos de algo inmaterial que existe dentro de ellos: un deseo, un sueño, una visión. Necesitan tener la habilidad y la voluntad, pero la voluntad es siempre más importante. En ese sentido, ni las lesiones, ni los contrincantes, ni las derrotas, ni las adversidades son limitaciones. En realidad, esto apenas es el combustible que enciende una llama que con disciplina les permite renacer. Y es que la disciplina nada tiene que ver con imposiciones de otros y hacia otros. La disciplina tiene que ver con aprender, digo yo: con aprender a empezar.


Empiezo. Tony Parker, siendo novato en la NBA fue titular en su equipo casi de inmediato. Fue base de los San Antonio Spurs de Tim Duncan y David Robinson, quienes le llevaban 6 y 17 años de diferencia de edad. Es decir, fue el armador titular del equipo con tan solo 20 años liderando a Duncan, de 26, y a Robinson, de 37. Asimismo, es el primer jugador europeo en ser MVP de unas finales de la NBA y es el jugador con más asistencias en la historia de los San Antonio Spurs. Sin embargo, en mayo de 2017 sufrió la rotura del tendón del cuádriceps. No obstante, se recuperó y volvió a las canchas siete meses después.


Sigo. Roberto Durán, el increíble “Mano de piedra”. Limpiaba zapatos y vendía periódicos: un niño con ambición, abandonado, criado en la calle y un peleador natural. Se coronó Campeón Mundial de los Pesos Ligeros a los 20 años. Era imposible pegarle, movía la cabeza unos milímetros y esquivaba los golpes. Pudo mantenerse invicto durante 8 años; hizo 119 peleas, con 103 victorias, 70 knockouts. Así logró 4 títulos mundiales. No se detenía, era tenaz. El 25 de noviembre de 1980, cinco meses después de haber destronado a Sugar Ray Leonard, Mano de piedra dijo un “no más” inolvidable para el mundo del box en lo que fue la revancha entre ambos. Corría el octavo round y luego de luchar con un Sugar Ray confiado y burlón, Mano de piedra abandonó el ring pronunciando un “no más” épico. El feroz y agresivo panameño levantaba los brazos y se rendía. Para muchos fue una humillación tras la cual Durán renació con lágrimas y entrenamiento tres años después, al ganarle a David Moore de 24 años. Mano de Piedra, con 32 años lo retó, lo noqueó y ganó el título mundial de pesos supermedianos, una categoría que no era la suya. Había renacido.


El boxeo requiere una determinación especial y mucha fuerza emocional, se experimenta el dolor a diario. ¿Recuerdan a Carlos Monzón? el noqueador argentino con manos de cristal. Al retirarse, en 1977, tenía este récord en sus cien peleas como profesional: 87 ganadas, 9 empates, 3 derrotas y 1 sin decisión. Sufría de Raquitismo: una condición que hacía que tuvieran que infiltrarlo antes de las peleas. “Tiene las manos podridas” decía el médico. Defendió el título 14 veces.


¿Más? Ok. En 1970 Bruce Lee sufrió una lesión en la espalda que interrumpió su práctica física. Debido a esto tuvo que estar en cama durante 6 meses con un pronóstico que aseguraba que no volvería a caminar y mucho menos volvería a entrenar con la intensidad que lo hacía. Luego de unos meses pudo reiniciar los rodajes de sus películas y sus entrenamientos, aún con los fuertes dolores que le quedaron de la lesión.


Termino. Tiger Woods: el golfista con más de 80 títulos a nivel mundial y más de 100 títulos como profesional. Es portador de cuatro operaciones en la rodilla izquierda, cuatro cirugías de espalda, problemas en el tendón de Aquiles, en el cuello y en el codo que lo han llevado a múltiples cambios en su swing, en parte, para proteger su cuerpo.


Parker, Woods, Lee, Mano de piedra, Manos de cristal y muchos otros grandes deportistas han sabido, a su manera, empezar de nuevo, cambiando el estilo de juego. Cambiar la manera de lanzar es difícil después de 15 años sosteniendo, atrapando y lanzando el balón del mismo modo, dice Tony. Pensemos: ¿y si de repente hay que cambiar, hay que empezar de cero? ¿da miedo?


Esta gente va directo a trabajar; no hay un ¿por qué a mí?, ¿por qué me pasó esto?, ¡pobre de mí!, ¡no voy a poder!..., o, si lo hay, no se han quedado en ese lugar. Sugar Ray lo dijo: “Ten las agallas y el deseo para ir más allá de los límites físicos, cuando haces eso…eres un peleador”.


Confianza, coraje, valor, acción, tenemos una llama especial interna que se enciende gracias a incontables e indescifrables circunstancias, aparentemente, externas. No deseo sufrimiento, deseo no rendirme. No deseo un camino fácil, deseo buenos contrincantes que saquen lo mejor de mí.

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