Jugar, ganar, perder.




Hace pocos días un amigo me compartió un video en el que Diego Latorre habla acerca de ganar y de perder hoy en día en el fútbol profesional. Latorre es un amante confeso del fútbol de Guardiola y por eso mismo desprecia el arte de la patada en el fútbol. Para los que no lo saben, Latorre fue el 10 de Boca de 1987 a 1992 y de 1996 a 1998. Un crack. Hoy en día, sin embargo, es comentarista de Fox Sport en donde no solo es panelista de programas de debate, sino que además comenta partidos de Europa y de Suramérica.

En el video al que me he referido al principio, Latorre habla de algo que vale la pena revisar: ganar y perder hoy en día en el fútbol. Por supuesto, antes de poder hablar de ganar o de perder, los especialistas hablan de jugar bien o de jugar mal. ¿Qué es eso de jugar bien o de jugar mal? Lo resumo de manera cruda y exagerada: jugar bien es bailar con la pelota al pie mientras se dibujan triángulos y hexágonos artísticos por el césped ante la mirada inocente del rival (el mejor ejemplo es Guardiola sin duda); jugar mal es vivir los 90 minutos a la defensiva con los 11 jugadores armados hasta los dientes procurando darle patadas a todo lo que se mueva sobre el césped (el mejor ejemplo es Mou). Esos son los términos en los que desde hace décadas se habla de fútbol. Por lo tanto “hay que ganar jugando bien”.

Sigo. Después de revisar aquello de jugar bien o de jugar mal, se puede entender eso de ganar o perder hoy en día en el fútbol profesional. Pregunta antes de seguir: ¿el que queda segundo es un perdedor? ¿El que queda primero es el mejor? ¿Perder es ganar un poco? ¿Cómo se reconoce y dónde está la calidad técnica: en la patada que no es ni amarilla o en el cobro de tiro libre que termina en gol? Lo pregunto por lo siguiente: ¿qué es lo que realmente hay detrás de ganar o perder?

Es muy probable que eso que llamamos “competencia” o “deporte” exista debido a que dentro de la condición humana hay un elemento lúdico del que poco se habla. Aclaración: una pista sería presuponer que lo lúdico no es una finalidad sino una condición, una eterna cadencia. De este modo, puede que ese elemento lúdico carezca de sentido, lo que conlleva a que haya que asignarle un valor, una finalidad, un objetivo. Y ahí surge la idea de ganar o perder asociada a ser mejor o ser peor. Incluso en una frase sumamente peligrosa y nociva como aquella de “perder es ganar un poco” lo que se hace es reafirmar ese sentido obligatorio de finalidad que tiene que tener el deporte.

Viéndolo con ojos de cuarentena me pregunto: ¿le seguiremos pidiendo lo mismo al deporte? Alguien hace poco dijo: “y… se podía vivir sin fútbol”. Obvio que se puede vivir sin fútbol. Lo que no se puede es vivir sin jugar. Es como si lo que en realidad le estuviéramos pidiendo a gritos al deporte es la posibilidad que nos da de ser mejores o peores (incluso moralmente). Por eso siempre será más fácil ganar o perder que jugar. Y por eso siempre será seductor ese relato que el deporte nos ofrece: ganar al precio que sea. Entonces, ¿de eso se trata todo? ¿De ganar o perder?



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